Con el tiempo, uno se acostumbra y aprende de todo sobre la vida, pero la presión y la confusión son dos de los muchos puntos débiles que tenemos, y más aún cuando éstos se sienten por amor.
El amor es complicado de conseguir, es como alcanzar la meta de un laberinto: empiezas tu recorrido en soltería, hasta que decides emprender el viaje junto a otra persona. Pocas parejas tienen éxito, y por ello sueles terminar acorralado en una parte del laberinto sin salida. Permanecemos tan ciegos a los hechos, que queremos creer que nuestra pareja es la ideal, cuando en realidad es una persona más pero que te conoce y con la que tienes confianza, como consecuencia, a veces nos cuesta volver hacia atrás para recorrer de nuevo el laberinto con un recorrido diferente. Decidimos afrontar la realidad con valor y, con el tiempo, conseguimos empezar una nueva historia de amor. Como suele pasar, nos encontramos otra vez sin salida, es una persona diferente, pero sigues igual de ciego dándote de golpes con la cabeza en el muro, como si nuevamente no quisiéramos volver a pasar por lo mismo de volvernos atrás.
No siempre nos fijamos en una sola persona, otras veces nos encontramos con dos caminos que tomar, dos personas a las que querer porque una de ellas tiene lo que a la otra le falta, y viceversa. En esos momentos es cuando sentimos la presión de tomar una decisión, la confusión de no saber cuál tomar. Aquí está nuestro error, pensamos que debemos decantarnos por una de las dos opciones, pero en realidad hay miles de recorridos, podemos escalar el muro para crear nuestro propio camino y, por muy duro que sea, tal vez más adelante consigamos encontrar a una persona que nos llene por completo. Quizá nos saltemos una etapa de nuestra vida al hacerlo, pero gracias a ello no volvemos a equivocarnos y estancarnos en la rutina.
Así es el amor, debes ir buscando todos los recorridos posibles hasta encontrar la salida, y aunque irónico parezca, cuando no nos quede nada por buscar, será cuando debamos darlo todo por perdido.
Atentamente,
Un chico que todavía sigue escalando el muro y creando su propio camino... El tercer camino.
Adry.